PARA UN ANGEL CAIDO (30 SEGUNDOS)

El cielo se torna rojo ardiente, el humo transforma cada sueño en un recuerdo vago de la Madre Patria, hasta los lobos se van perdiendo entre la niebla, no hay lluvia pero los cuerpos se sienten mojados, la razón se pierde entre adoquines y princesas famosas. Es momento de dejar la tierra, dijo con voz aguda un ángel que cayo a finales de abril, tendido a la suerte quedó, sus alas volvieron a crecer, se marchó para no dejar rastro. Pero como las esperanzas nunca muchas veces se pierden, el ángel caído se paró firme entre sonidos espantosos y mucho fuego, trató de volar más allá de las canciones, de los siervos y la dolce vita, extendió sus alas, llamó cobardes a quienes lo acusaron de traidor, tomó de la sangre que le corría por la frente, miró hacia la esquina aquella donde dormía moribundo y partió hacia su reino de nubes blancas. Pasó la densa neblina, el fuego y la tormenta, voló sin vergüenza de sus historias, de sus pesadillas y al momento de casi llegar a su tierra celestial, una alma perdida lo tomó de la mano y en menos de un segundo estaba otra vez en la tierra, con humo, fuego y tormenta, en la misma esquina donde lo dieron por muerto, en la misma esquina donde dejó de ser humano.



















